El taxista condujo rápido sin tener que esquivar a aquellas horas tantos coches y llegaron al aeropuerto en muy poco tiempo. Las chicas bajaron emocionadas del taxi y Cristal daba saltitos de emoción mientras que a su lado Cornelia no parecía ni la mitad de emocionada como su hermana.
Empujando un carrito con las maletas fueron a facturación, pagaron por el sobrepeso de sus maletas y vieron como se iban. Fueron aun más emocionadas hasta el control de seguridad, el escáner se tragó sus bolsos y ellas pasaron por el detector de metales que con suerte no pitó, enseñaron los pasaportes y se dirigieron a la puerta de embarque donde una azafata las condujo a sus asientos.
-No me lo puedo creer-dijo Cristal con voz aguda y un tono irritante y alto a su hermana, la cual se empezaba a preguntar como aguantar el resto del viaje a su a veces insoportable hermana. Se colocó los cascos de su i-pod y dejo de escuchar por completo a la otra joven.
Cristal siguió emocionada y mirando por la ventanilla sin parar quieta hasta que el avión despegó y luego miró uno por uno a todos los pasajeros.
No se podía terminar de creer todo aquello, estaba en un avión camino de México, bueno... Unas mini vacaciones en compañía de su hermana.
Cornelia por su parte no escuchaba con detenimiento su música, seguía pensando en el hecho de que se habían escapado de casa por el simple hecho de sus padres las habían castigado por escaparse para ir a un concierto de su grupo favorito. Pensándolo en frío carecía de bastante sentido. Hacía semanas que tenían los billetes y si a esas alturas no se había echado atrás era porque su hermana no quería ni pensar en el hecho de no hacer aquel viaje. Siempre pensaba en su hermana como la infantil y la irresponsable, podría haberse chivado a sus padres y el viaje habría sido cancelado, pero no le podía hacer eso a su hermana, no, una promesa es una promesa y punto. Aunque claro, le iba a caer una buena. Desde pequeñas lo que hacía una lo hacía siempre la otra y aquellas alturas eso no iba a cambiar por miedo a un castigo aunque pudiera ser el peor de sus vidas.
Cristal por su parte no dejaba de pensar en que eso era excitante, era una oportunidad, la ayudaría a crecer se decía a sí misma, aquella experiencia iba a ser la más maravillosa de su corta vida superando con creces a la primera fiesta, el primer novio o incluso al último. Siempre quiso salir de aquella ciudad, le encantaba el Big Ben y el Támesis pero aquella ciudad siempre le pareció pequeña, ya de niña siempre tuvo ganas de comerse el mundo, siempre se lo quiso comer como unas patatas fritas o una hamburguesa con queso a la parrilla. Quiso explorar nuevos mundos y vivir aventuras, y aquel sueño comenzaba con ese viaje. No lo veía lago infantil ni irresponsable si no todo lo contrario, una experiencia necesaria en la vida.